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26 de mayo

Ramillete espiritual: «Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.» Lc 10, 41

San Felipe Neri

SAN FELIPE NERI
Presbítero
(1515-1595)

San Felipe Neri nació en Florencia en 1515. Es uno de los santos más deliciosos del calendario. "El más italiano de los santos". Sencillo, ingenioso, alegre, extático, imprevisible, músico, poeta, extravagante.

Y humorista. El hermano Zaboni riñó un día a Felipe porque reía a carcajadas leyendo Las bromas del cura Arlotto: - Los sacerdotes no deben reír ruidosamente. - El Señor es bueno, contestó Felipe. ¿Cómo no va a alegrarse de que sus hijos nos riamos? La tristeza nos hace doblar el cuello y no nos permite mirar el cielo. Debemos combatir la tristeza, no la alegría.

Le llamaban desde niño Felipín el bueno, por su piedad, dulzura y amabilidad. Un tío suyo quiso hacerlo comerciante, pero lo daba todo, no valía para eso. "Yo se lo hubiera dejado todo, si no fuera por esa manía de rezar".

En medio del paganismo que imperaba en el ambiente renacentista romano, Felipe entrega todos sus haberes a los pobres, mientras él ayuna a pan y agua. Pasa los días en obras de caridad, y las noches en las catacumbas de San Sebastián, entregado a la oración y a la penitencia.

Alcanza altísima oración. Sus éxtasis duran horas y a veces se le oye clamar: ¡Basta, Señor, basta! ¡Detén el torrente de tu amor! Ante esta vida angelical poco podían hacer los asaltos del mal. Un par de mujerzuelas acechan un día contra su castidad. Las pupilas de fuego del Santo las hacen huir asustadas. Con todo, le gustaba rezar así: Señor, no te fíes de mí. Señor, ten de tu mano a Felipe, que, si no, un día, como Judas, te traicionará. (Cuentan que el P. Nieto, santo director espiritual de Comillas, cuando se enteraba de la secularización de algún sacerdote, lloraba: ¡No conocen a Dios, no conocen a Dios! ¿Cómo lo iban a cambiar por una mujer?).

Funda una cofradía para atender a pobres y peregrinos. Visita cárceles y hospitales. Busca sobre todo a los niños y a los jóvenes. En 1551 se ordena sacerdote por obediencia. Desea ir a las Indias, como Javier. El P. Ghattino 1e dice de parte de Dios: Roma será tus Indias.

Y por toda Roma derrama sus caridades, sus fervores, su alegría contagiosa, la certeza de que hay más alegría en la virtud que en el pecado. Es proverbial su don de lágrimas, y de hacer milagros. Se le atribuye haber resucitado al príncipe Paulo Máximo, para que confesase un pecado.

En el tribunal de la penitencia conseguía conversiones maravillosas. Cuando celebraba Misa con el pueblo tenía que leer alguna historieta de humor, para que le distrajese un poco, y no caer en un éxtasis de varias horas. Si la celebraba solo, el monaguillo se iba y volvía dos horas después. Un éxtasis le produjo la dilatación del corazón y la deformación de dos costillas. Una se conserva en el Oratorio de Nápaoles.

Todos los Papas y Príncipes acudían a él. También la Inquisición quiso prenderle por las procesiones que hacía a las siete iglesias romanas. Pero todo se aclaró. Fue amigo de San Carlos, San Ignacio, San Camilo y San Félix de Cantalicio. Su obra definitiva fue la fundación del Oratorio, para instruir y entretener a niños y jóvenes. Sed buenos... si podéis, les decía comprensivo. Con tal de no ofender a Dios, podéis cortar leña sobre mis espaldas. Desde el Oratorio extendía el bien a todas partes.

El Oratorio influyó mucho a través del Cardenal Baronio y otros muchos. Murió Felipe en 1595. Era la noche del Corpus y se fue a acabar la fiesta al cielo. Sus restos descansan en la Chiesa Nuova de Roma. Fue canonizado por Gregorio XV el 1622 junto con cuatro santos españoles.


SANTA MARIANA de JESUS PAREDES
Virgen
(1515-1595)

Mariana de Jesús Paredes y Flores nació en Quito (Ecuador) el 31 de octubre de 1618, de familia cristiana y honorable. Desde sus más tiernos años, fue asidua su oración, su amor al Crucificado, su devoción a la Inmaculada y su entrega a la mortificación corporal.

Previa la autorización de su director espiritual, hizo voto de pobreza, castidad y obediencia, citando apenas cumplía diez años, y los guardó esmeradamente hasta su muerte. Alentada por la historia de los misioneros, tomó la resolución de marcharse entre los indígenas, para consagrarse a su evangelización. La Providencia, por una circunstancia humanamente inexplicable, le impidió la actuación de su proyecto. Fue entonces cuando resolvió reducirse a la intimidad de su casa paterna, en donde vivió un género de vida más riguroso que el del claustro. En el austero retiro, en medio de voluntarias privaciones, pasó el resto de su vida sin salir de allí, a no ser cuando se lo exigían el amor de Dios o de su prójimo.

Ofrecía sus sacrificios por la conversión de los pecadores. Gozó del don de curaciones, predijo con exactitud muchos acontecimientos y discernía con claridad lo íntimo de los espíritus. Admirable por sus milagros y por el ejercicio esmerado de la ley divina, es Mariana un claro ejemplo de virtud para los cristianos de América Latina. El último ejemplo de su vida no deja ninguna duda de su santidad: mientras una terrible peste azotaba la ciudad, Mariana ofreció su vida a cambio de la salvación de Quito. Pocos días después, agobiada por dolorosa y repentina enfermedad voló al cielo a la edad de 26 años.

En 1853 Pío IX la colocó en el número de los beatos, con el expresivo título de Azucena de Quito. Pío XII, el día 9 de junio de 1950, la declaró santa de la Iglesia universal, proponiéndola a los fieles, especialmente a la juventud, como modelo de inocencia y penitencia.